A propósito de un trabajo de literatura, que llevo tiempo haciendo, he descubierto la belleza y ambigüedad del amor platónico, un escalón para entender el amor como tema universal. Según Platón en el diálogo Socrático con Diotima, el amor es aquello que conduce al ser humano hacia la belleza, puesto que cuando eres tocado con su magia, se produce un estado de ensoñación capaz de trasladar dicha belleza a todo tu entorno, dice Platón en el diálogo:
“El amor es el camino, el ascenso, hacia la hermosura: va del amor a un cuerpo solo, al de dos o más; después al de todas las formas hermosas y de ellas a las acciones virtuosas y de las acciones a las ideas y de las ideas a la absoluta hermosura” (Paz, 1993:45)
Entonces el amor sería el camino hacia la inmortalidad, y significaría el encuentro indistinto de la belleza en una y cualquier cara hermosa, es decir, ver la belleza sólo en sí misma, por su presencia, para tomarla y ascender, sin mirar el fondo de esa cara. Por eso dice Paz (Ibíd.: 46) que más que tratarse de amor como lo entendemos nosotros, se trata de una sublimación del acto de amar, tomándolo como una experiencia eminentemente personal y en solitario donde no importa el otro sino el ascenso del propio yo.
Una noción más contemporánea del tema y menos platónica, nos la ofrece Paz al hablarnos del amor como eucaristía, puesto que amar sería también un acto de reconocimiento de uno en el otro a través de la unión que ocurre libremente y con la gracia de Eros. A través del amor se llenaría el vacío de la vida, se alcanzaría esa magia, esa chispa producto de la unión, pero también se lograría la plenitud de la presencia en dos: amor sería completud no soledad, y además significaría trasgresión tanto de la tradición platónica como de la cristiana.
El amor conduce a nuestro cuerpo hacia cada uno de los “atributos del alma”, sin sentirnos pecadores por ello. Se deja a un lado la noción fatídica que lo considera una prisión, para simplemente aceptarlo y sentirlo como el medio propicio para transmitir la esencia de lo que somos, al otro. Dice el ensayista mexicano (Ibíd.: 130), “el amante ama el cuerpo como si fuese alma y al alma como si fuese cuerpo”, tornándose ambos en una mezcla de tierra y cielo, esta es la subversión de la que habla Paz: los amantes transformados en un sistema solar donde ambos giran para completarse y volverse más humanos. Según el autor (Ibíd.: 131), si amamos alcanzamos la inmortalidad pero en compañía, el amante es capaz de eliminar la limitación del tiempo y de la muerte. El amar nos convierte a todos en seres especiales y sublimes, y, los poemas lo expresan mucho mejor:
Amor
Palabra de crecimiento
Te hallo en los andamios distantes sin presentirlo
Estupenda marcha hacia el infinito
¿Cómo negarme a tu presencia?
Lo eres todo
Lo puedes todo:
Aún aquellos vuelos hacia lugares mágicos…
Recurro a ti sinceramente,
Guíame y arrópame, lucero ardiente del espíritu:
Amado Amor…


