Cuando se acerca junio y poco a poco va acabando el año escolar, suelo pensar, como en este momento, que es muy difícil el trabajo de enseñar, conducir, compartir a diario y en condiciones muy accidentadas, la labor docente. Todo gira en torno a la planificación de tareas a cumplir, acción que termina en correr y evaluar para entregar notas, y ¿dónde queda lo demás?Sí. Porque mientras la educación sea sólo para pasar una materia, el significado profundo de aprender y compartir, crear, degustar con agrado una ciencia, arte, idioma o cualquier área del saber es una quimera reservada para unos pocos...Pero ¿quién tiene en sus manos la llave que abra la puerta hacia la ruta del verdadero saber, del verdadero aprendizaje humano...?
Se diría que en ello debería invertirse la mayor suma de tiempo para así formar verdaderos hombres y mujeres, centrados en lo que es la vida, autoconocerse y madurar. De cada experiencia de clase, debería nacer la reflexión profunda de cómo enfrentar esta temporada en el planeta, divertirnos pero también ser humanos, profundos descubridores de sueños, como aprendiendo a gatear, porque siento que el paso por la educación formal mata la parte niña que todos llevamos y nos enclaustra en un profundo letargo. Y esto es más grave aún si se piensa que lo que importa es el diploma, la nota, pasar de año..., no importa más nada. Eso es perder el tiempo y también desconfiar de lo que somos como especie...Pienso que con el tiempo, quizás en un tiempo muy lejano, realmente dediquemos nuestro tiempo de estudio a verdaderos momentos de aprendizaje, retomando a los grandes filósofos griegos como Sócrates para no detener el proceso normal de crecimiento del ser humano. No es posible que sólo se estudie para aprobar...