Tú, entrelazado y perdido al borde de mis dedos
rociado de chispas celestes
mirando hacia la nada...
Tú...
Prendido, hilvanado, regado y crecido.
Emanando fuerte desde la coraza de mi alma.
Tus hojas
tu vientre de raíz
tu sólida luz...
¡No te marchas, no!
Tu fuerza y tu amor
es parte de la tarde
y así lo entiende ese verde...
Emigras por instantes
estiras tus ramas
para volver otra vez como llave del tiempo
y de la vida...
Siempre cercano y magestuoso...


