
Las líneas se tocan
los bordes no existen,
una poción mágica, invisible, los funde,
entreteje sus arcanos más profundos:
y son la tierra y la simiente,
el cielo y la raíz
la verdad y la vida.
Sus pasos avanzan
no tan lentos,
no tan lentos,
no tan rápido...
y así quiebran un día sus alas
y olvidan también el aroma de sus sueños.
Están hundidos,
naufragan en la amnesia
sin palabras...
sin palabras...
Son anónimos cuerpos que se cruzan sin sentido,
y no hacen nada por regresar al canto aquel
y no hacen nada por regresar al canto aquel
a la unidad perdida...
¡Y es que todo ciclo de luz tiene su tiempo!
También muere la tarde,
el recuerdo, la lujuria,
el recuerdo, la lujuria,
y la distancia...
Luego un niño se asoma a cada paso de muerte
para darnos un ave nueva,
para darnos un ave nueva,
un sueño nuevo,
con sus manos que nos conducen otra vez
al sentido de la vida.


