
Camina en círculos
para llegar otra vez a nuestra puerta...
Su corazón, crepúsculo inmenso, ola, marea,
circuito de aves cantando siempre el salmo del amor...
Y nosotros distantes,
sin saber quedarnos, ni amar realmente...
Naufragamos en el acto,
pensando que el amor es un día sin retorno...
Por eso él reanuda su marcha hacia nosotros
y nuevamente intenta su lección,
esta vez como niño,
como dulce semilla...
-Para andar a nuestro lado debe también vivir nuestra angustia,
sólo él puede hacerlo-
¡Nuestro niño Jesús!
Te seguimos entonces,
con cirios rojos en las manos,
en busca de la eterna Navidad.
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* Imagen del blog: http://caminantesinrumbo.blogspot.com/